Saturday, February 14, 2009

MACKENNA



MACKENNA

Pasión por Santana, Chicago, Johnny Rivers….

Finalizada la década de los sesenta la música moderna empezó a tomar y descubrir nuevos rumbos. Los setenta fueron los años de los súper grupos, de la llamada música progresiva y del descubrimiento e introducción de nuevos sonidos. Como sucedió en los sesenta con Beatles, Rolling, etc., los nuevos sonidos vanguardistas de los setenta hicieron que muchos jóvenes se planteasen la formación de grupos como vía para alcanzar sus ideales y como forma de expresión artística y eso fue lo que sucedió con… Mackenna.
En 1970, dos amigos del coro de la iglesia Virgen de África, Emilio Barranco y Ángel Soriano solían reunirse en casa de Emilio y utilizando métodos rudimentarios, propios de la época ante la falta de medios económicos, acoplaban sus guitarras a las radios de sus padres y tocaban las canciones de sus grupos favoritos. Hubo un intento de formar un grupo con el nombre de Tiahuanaco Band con Paco y José María pero la idea no cuajó. El nombre, con referencia a la cultura precolombina, fue una idea de Ángel Soriano interesado por esa cultura.
La ilusión de crear un grupo de música tuvo una ayuda importante en la persona de Dadi. Los dos amigos solían pasar horas haciéndole compañía a Dadi, empleado en un kiosco de helados en la Plaza del Teniente Ruiz. Dadi poseedor de una buena verborrea y de una gran fantasía soñaba con la música; hizo creer a los dos que era un buen organista y les hacia demostraciones con una tabla simulando tocar el órgano. Emilio y Ángel quedaron impresionados sin sospechar que Dadi ni tenia órgano en casa ni sabia tocarlo, todo era pasión e ilusión. Cuando descubrieron el engaño se acabaron las relaciones. Más tarde le compusieron una canción titulada: “Dadi, no juegues con la música”. Sin quererlo, Dadi abrió la puerta e inició el camino de Mackenna.
Para formar el grupo, además de ganas había que tener instrumentos. Dadi jugó un papel importante en esta tarea. Conocía a un soldado músico que quería vender sus instrumentos. Con la ayuda paterna le compraron al militar un bajo Hofner y un amplificador de bajos Tenoxy. Con sus ahorros y con la ayuda de su padre, Emilio compró en Radio Self dos guitarras eléctricas. Con dificultades para tocar su guitarra (por las características de ésta), Emilio se volvió a comprar otra diferente, una Egmond holandesa. Se les unió Jorge con su guitarra de color azul, ya sólo faltaba un batería.
Emilio Hueto tenía alguna experiencia anterior con Bemol Group. Con una potente demostración, sus manos golpeando sus muslos y sus pies el banco donde se sentaba, convenció a los demás que era el batería que buscaban. Se las ingenió y encontró una batería. Bueno, como recuerda Ángel Soriano:

Emilio Hueto decía que era una maravilla pero sólo era un conjunto
informe de tambores desconchados y de platos rajados.


Sólo quedaba ensayar el futuro repertorio y buscar un nombre para el grupo que quedó formado por:

Emilio Barranco, guitarra solista
Ángel Soriano, bajo y voz
Jorge García, guitarra
Emilio Hueto, batería

En la Escuela de Maestría Industrial del Sardinero iniciaron los ensayos en un aula prestada. La primera decisión fue decidir quién cantaría. Después de momentos indecisos, Ángel el bajista asumió la tarea de ser la voz solista.
El nombre del grupo lo decidieron después de ver la película “El oro de Mackenna”. Un film que gustó a los cuatro y optaron por ese nombre.
El repertorio de la banda tenía dos caras distintas. Una para las verbenas y fiestas populares con un repertorio de canciones fáciles, pegadizas, además de pasodobles y boleros. Aceptar y tocar estas canciones fue el precio a pagar para subsistir. La otra cara fue la suya de verdad. Un repertorio lleno de canciones de sus grupos preferidos y que iba desde el rock latino de Santana hasta el jazz rock de Chicago. Muchos aficionados recuerdan su estupenda versión de la canción de Spencer Davis Group “I´Man Aman” popularizada por Chicago. Otra versión de un conocido tema de Johnny Rivers “Oda a John Lee Hooker” les hizo muy popular entre sus fans. Otra característica del grupo fue la improvisación con el bajo, batería y los solos de guitarra de Emilio. El grupo tenía también algunas canciones propias como la dedicada a Dadi.
Como consecuencia de diversos episodios, el grupo cambió varias veces de local de ensayo; después del aula del Sardinero, lo hizo en el garaje del chalet de Marina, una amiga, para acabar más tarde en el patio de la casa de Ángel.
Mackenna fue añadiendo a su instrumental nuevas mejoras como un equipo de voces y un nuevo amplificador con la ayuda de un compañero de estudios aficionado a la electrónica, Eduardo. Al mismo tiempo el grupo ampliaba repertorio incorporando temas complicados como “Paranoid” de Grand Funk Railroad, y refinados como “Oh Well” (primera parte) de Fleetwood Mac, que al ser interpretado en un baile, la gente no sabía cómo moverse al son de las maracas y el cencerro.
El grupo actuó en su corta existencia en diversas fiestas celebradas para recaudar fondos para los viajes de estudios en el C.A.S., en el Caballa, en la peña taurina El Cordobés, en las fiestas del Instituto, en verbenas y durante las fiestas patronales en la Caseta de la Juventud.
En el verano de 1971 Mackenna incorporó un nuevo miembro. El viejo sueño de tener un organista se hizo realidad con la entrada de Luis Valverde.
Como le pasó a muchos grupos y solistas de aquella época, a Mackenna también le llegó la hora de decidir su futuro. Después de una intensa reunión en la que las opiniones estaban divididas y con la amenaza y realidad del embargo de algunos instrumentos que aún no habían pagado, ganó la decisión de dejarlo.
Un incierto futuro con la música y los estudios, acabaron con el sueño. De manera triste pero realista, Mackenna pasó a la historia del rock en Ceuta.

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